La muerte de un esquiador en Val d’Isère eleva el número de víctimas hasta una cifra récord en una semana marcada por una inestabilidad extrema y un nivel 4 de riesgo de aludes.
La cadena de estos accidentes se inició a comienzos de enero, pero ha experimentado una acentuación muy significativa en la última semana. De acuerdo con los informes de seguridad en montaña, el balance de víctimas mortales pasó de 25 a 26 fallecidos tras el último alud registrado en la región de Saboya, donde un esquiador quedó sepultado por una placa de nieve mientras descendía por un sector no señalizado.
A pesar de la rápida actuación de los equipos de emergencia, que incluyó el despliegue de medios aéreos, los rescatistas no pudieron hacer nada por salvar su vida, confirmando así un nuevo fallecimiento en una semana especialmente crítica para la seguridad fuera de pista.
La mayor parte de los incidentes se ha concentrado en los macizos franceses, con focos especialmente sensibles en estaciones de referencia como Val-d’Isère, Courchevel y La Plagne. A esta situación se suma Austria, donde se contabilizan ocho fallecidos en dos avalanchas, aunque también se han registrado víctimas en las vertientes suiza e italiana de la cordillera alpina, ampliando el alcance de un episodio especialmente grave en términos de seguridad en montaña.
Los especialistas de Météo-France y de otros organismos de seguridad en montaña coinciden en señalar que el origen de esta situación reside en la extrema inestabilidad del manto nivoso. El reciente paso de la tormenta Goretti dejó importantes acumulaciones de nieve reciente depositadas sobre capas de hielo ya existentes, creando una estructura especialmente frágil.
Ante este escenario, las autoridades advierten de que los desprendimientos espontáneos de placas son probables y de que el riesgo de desencadenar una avalancha de manera accidental es muy elevado, incluso para deportistas con amplia experiencia en terreno fuera de pista.






