Cuando uno piensa en grandes destinos de esquí, probablemente imagine los Alpes suizos o las Rocosas canadienses. Pero…
Cuando uno piensa en grandes destinos de esquí, probablemente imagine los Alpes suizos o las Rocosas canadienses. Pero las cifras recientes dibujan otro mapa. Con 26 millones de días de esquí registrados en la temporada 2024-2025, China no solo escala posiciones, está reescribiendo las reglas del juego.
Según el informe «2024-2025 China Ski Industry White Paper», elaborado por el influyente consultor Benny Wu, la industria del esquí en el gigante asiático atraviesa un auge tan rápido como imparable. Las 748 estaciones activas (incluyendo 66 centros cubiertos) reflejan no solo cantidad, sino también una clara evolución en calidad y diversidad de oferta.
Un crecimiento que desafía la lógica
En un país con más de 1.400 millones de habitantes, los 13,55 millones de esquiadores registrados podrían parecer modestos. Pero lo verdaderamente revelador es la progresión. En solo un año, el número de días-esquiador ha aumentado un 12,9 %, mientras que el número de esquiadores únicos ha crecido un 5,86 %. Además, la frecuencia media por esquiador subió de 1,80 a 1,92 días, incrementando la fidelización del público.
En palabras de Laurent Vanat, experto global en la materia: “China es el único país del mundo donde crecen año tras año los días de esquí”. Y con razón. Porque lo que está ocurriendo allí no es una moda, es una estrategia nacional.
El fenómeno del esquí indoor
Quizás la parte más sorprendente del informe de Wu es el éxito de las estaciones cubiertas. En 2025, estas instalaciones registraron más de 5,6 millones de visitas, lo que equivale al 21,6 % de la afluencia total del país. Cifras que dan vértigo, y que sitúan a China como líder indiscutible en esquí indoor, albergando siete de los diez centros cubiertos más grandes del mundo.
Uno de ellos, Wintastar en Shanghái, presume de 65.000 m² de nieve artificial disponible todo el año. Porque en China, la montaña ya no es un requisito para esquiar. Esta accesibilidad total está democratizando el deporte y, al mismo tiempo, abriendo un abanico de posibilidades para quienes jamás imaginaron poder deslizarse sobre una pista.
Modernización y especialización
Las regiones como Jilin, Heilongjiang, Hebei o Xinjiang concentran buena parte del tráfico y las inversiones, gracias a su climatología favorable o al legado de Pekín 2022. Y aunque no todas las estaciones están al nivel de los Alpes, el progreso técnico es evidente. En 2025, se contabilizaron 181 estaciones con remontes mecánicos, incluyendo 41 de última generación. Y siguen creciendo: solo en la temporada anterior se instalaron 30 nuevos remontes.
China quiere jugar en primera división, y no solo en cantidad, sino también en calidad.

Esquiadores nuevos, públicos múltiples
Durante años, el esquí en China fue territorio de novatos. Pero eso también está cambiando. Hoy se perfila una clara segmentación de públicos:
- Esquiadores ocasionales que viven la experiencia como parte de un viaje o escapada.
- Usuarios urbanos que aprenden en centros cubiertos cercanos a casa.
- Aficionados fieles que ya eligen destinos y estancias completas en estaciones de montaña.
Eso sí, el reto sigue siendo mayúsculo: hasta el 70 % de los nuevos esquiadores no repiten al año siguiente. La falta de clases de calidad, los precios y la aún incipiente “cultura del esquí” son los grandes desafíos a superar. ¿La solución? Más pedagogía, más experiencias gratificantes y más modelos de fidelización pensados desde la base.
El futuro ya está aquí
Desde que en 2015 China se propuso formar a 300 millones de nuevos adeptos a los deportes de invierno, el camino ha sido meteórico. Las inversiones son multimillonarias. Se construyen estaciones, pistas de hielo, centros cubiertos. Se implementan programas escolares. Se promocionan nuevos destinos y actividades nórdicas. Y todo bajo una visión ambiciosa: posicionarse como el primer mercado mundial de esquí.
Pero el verdadero salto será cultural. Porque un país no se convierte en referente del esquí solo con remontes rápidos y pistas largas. Hace falta pasión. Hace falta educación. Hace falta formar a una generación entera que no esquíe solo por moda, sino por amor a la montaña, a la nieve y a esa emoción única de deslizarse cuesta abajo sintiendo que, por un instante, vuelas.






