Un recorrido alpino en Gredos que combina escalada, cresteo y paisajes únicos, coronado por la Punta Esperanza.
En el corazón del Circo de Gredos, donde las crestas se dibujan como cicatrices en el granito y el horizonte se corta en aristas afiladas, se encuentra una de las rutas más completas para quienes buscan combinar escalada, cresteo y aventura, la cresta del Cerro de los Huertos con la ascensión final a la Punta Esperanza. Este recorrido, sin ser el más difícil del macizo, encierra la esencia del “arte” de crestear, ese tránsito entre la escalada y el alpinismo que convierte cada paso en un diálogo con la montaña.
El acceso es directo desde el Refugio de la Laguna Grande de Gredos. Con rumbo oeste, se avanza hacia la mole del Cerro de los Huertos y el Risco Moreno, desviándose progresivamente hacia el norte para evitar el hombro del cerro. La subida es algo incómoda, pero lleva hasta la base de la pared, punto donde se colocan las cuerdas para afrontar los primeros largos .Superados, la cresta se alcanza pronto y, con ella, la cima principal, a 2.460 metros.
Desde ese punto, la arista se extiende hacia el suroeste en una secuencia de trepadas, cortas bajadas y pasos aéreos que alternan esfuerzo y contemplación. El collado y la canal de los Reyes Magos marcan un cambio de ritmo antes de recorrer la larga arista que se interrumpe bruscamente sobre el collado del Risco Moreno. Ahí, dos rápeles uno muy vertical y con un tramo ligeramente volado, conducen al final del cresteo.
La guinda de la jornada es la Punta Esperanza, una aguja con forma de pepino separada de la ladera sudoeste del Cerro de los Huertos. Su ascensión exige un par de largos y el descenso, otro rápel de unos 20 metros. Desde su cima, las vistas premian el esfuerzo , hacia el sur, la mirada alcanza incluso los Montes de Toledo; hacia el norte, el perfil abrupto del Circo recuerda que aún queda la vuelta. El regreso al refugio implica alrededor de una hora por terreno incómodo.

En total, la actividad requiere entre seis y siete horas, siempre en un entorno espectacular. En verano, es factible para montañeros con cierta experiencia en escalada, especialmente acompañados por un guía. En invierno, la nieve y el hielo transforman la ruta en un itinerario mixto de mayor compromiso técnico. En cualquier estación, la recompensa es espectacular.






