Con 25,7 millones de días de esquí vendidos y 895,8 millones de francos en ingresos por transporte, la industria suiza vuelve a acercarse a máximos históricos. Pero el dato realmente importante está detrás de las cifras: más cliente internacional, grandes dominios ganando escala y un modelo alpino que cada vez depende menos de que nieve mucho para funcionar.
Hay una cifra que explica bastante bien lo que está ocurriendo en los Alpes suizos: 895,8 millones de francos suizos. Es lo que ingresaron las compañías de remontes durante la temporada de invierno 2025/26, el segundo mejor resultado de su historia.
La cifra sería relevante en cualquier circunstancia. Lo es todavía más cuando se observa el invierno que la produjo.
Suiza acaba de atravesar la sexta temporada invernal más cálida desde que existen registros, acompañada además por un importante déficit de precipitaciones. En otra época, una combinación semejante habría sido suficiente para comprometer seriamente las cuentas de buena parte del sector. Esta vez no ocurrió.
Las estaciones del país vendieron 25,7 millones de días de esquí, apenas un 2,3% menos que los 26,3 millones registrados durante la excepcional temporada anterior. En términos empresariales, el mensaje resulta difícil de ignorar: el invierno suizo está demostrando una capacidad creciente para desacoplar parte de sus resultados económicos de la meteorología.
Y eso cambia considerablemente la conversación.

De vender nieve a gestionar una industria
Durante décadas, el negocio de una estación de esquí podía resumirse mediante una ecuación relativamente sencilla: buenas nevadas significaban más esquiadores; malas nevadas, menos ingresos.
La montaña europea de 2026 es bastante más sofisticada.
Suiza lleva años invirtiendo en remontes de gran capacidad, producción de nieve, preparación de pistas, digitalización, sistemas dinámicos de precios, alojamiento premium, restauración, movilidad y experiencias capaces de extender el gasto del visitante mucho más allá del forfait.
El resultado empieza a aparecer en las estadísticas.
Aunque el volumen de jornadas de esquí descendió ligeramente respecto al récord anterior, los ingresos por transporte permanecieron prácticamente en máximos históricos. 895,8 millones de francos frente a 903,6 millones la temporada anterior.
Dicho de otra manera: una reducción del 2,3% en días de esquí produjo una caída de ingresos inferior al 1%.
No es un detalle menor.
Significa que el valor económico generado por cada jornada permanece extraordinariamente sólido y apunta hacia una industria que está aprendiendo a monetizar mejor su principal activo.

El verdadero crecimiento viene de fuera
Pero probablemente el dato más interesante del invierno suizo no esté en sus remontes, sino en los pasaportes de quienes los utilizan.
Los visitantes internacionales generaron 9,9 millones de días de esquí, el mejor resultado de la última década. Ya representan aproximadamente el 38,5% de toda la actividad.
Es una transformación importante para un sector históricamente respaldado por un potente mercado doméstico.
Mientras los días de esquí correspondientes al cliente suizo descendieron hasta aproximadamente 15,8 millones, la demanda internacional continuó creciendo. Alemania permanece como principal mercado extranjero, seguida de Reino Unido, Francia, Países Bajos y Estados Unidos.
Este último merece especial atención.
El crecimiento del viajero estadounidense está modificando silenciosamente determinados destinos alpinos. Se trata de un cliente de larga distancia, generalmente con mayor estancia y capacidad de gasto, para quien unas vacaciones en los Alpes compiten menos con una escapada regional y más con otros grandes destinos internacionales.
Ahí Suiza juega con varias ventajas difíciles de replicar: estabilidad, conectividad ferroviaria, hospitality de alto nivel, seguridad, gastronomía, paisaje y algunas de las marcas de montaña más reconocibles del planeta.
Zermatt, St. Moritz, Verbier o Davos hace tiempo que dejaron de ser únicamente estaciones de esquí. Son marcas globales.
Y las marcas globales tienen algo especialmente valioso en turismo: pricing power.
Siete estaciones por encima del millón
La escala también importa.
Siete grandes destinos suizos superaron el millón de días de esquí durante la temporada.
Zermatt lideró el mercado con aproximadamente 1,54 millones, seguida por Arosa Lenzerheide con 1,42 millones y Davos-Klosters con 1,34 millones. Verbier alcanzó alrededor de 1,28 millones; St. Moritz, 1,18 millones; Jungfrau, 1,09 millones; y Adelboden-Lenk, 1,06 millones.
Detrás de esos números aparece otra tendencia: la concentración de la demanda alrededor de grandes destinos capaces de ofrecer producto, altitud, infraestructura y marca.
En un escenario de inviernos más irregulares, la altitud se convierte en una ventaja competitiva. La capacidad financiera para producir nieve también. Y disponer de suficientes camas hoteleras, restaurantes, comercios, actividades y conexiones de transporte permite absorber grandes volúmenes de visitantes manteniendo una propuesta de alto valor.
La montaña está entrando así en una lógica empresarial conocida en muchas otras industrias: los operadores con mayor escala tienen más capacidad para invertir, y quienes más invierten están mejor preparados para capturar demanda cuando las condiciones se complican.

83 días: la cifra que explica el negocio
Existe otro número menos espectacular pero quizá todavía más importante: 83 días.
Ese fue el promedio de apertura de las estaciones suizas durante la temporada, por encima de la media de aproximadamente 78 jornadas de los últimos cinco años.
Con uno de los inviernos más cálidos registrados.
Esa capacidad para mantener abierto el producto es fundamental porque la verdadera infraestructura que necesita proteger una estación no es únicamente la nieve. Es su calendario.
Hoteles, restaurantes, escuelas, alquileres, comercios y cientos de empleos dependen de que una estación pueda ofrecer previsibilidad. Un destino que consigue garantizar diciembre, Navidad, febrero y Semana Santa tiene un valor económico radicalmente diferente de otro cuyo funcionamiento depende de esperar la próxima nevada.
Por eso la inversión en nieve técnica, almacenamiento de agua, preparación del terreno, remontes eficientes y gestión predictiva está dejando de ser únicamente una cuestión deportiva.
Es infraestructura económica.
El forfait es solo la puerta de entrada
Hay además un error habitual cuando se analiza la economía del esquí: observar únicamente los ingresos de las compañías de remontes.
Los casi 900 millones de francos representan fundamentalmente el corazón mecánico del sistema, no toda la economía que gira alrededor de él.
Cada persona que atraviesa un torno necesita potencialmente alojamiento, transporte, restauración, material, clases, retail y entretenimiento. Cuanto mayor sea la proporción de visitante internacional, mayor puede ser también ese efecto multiplicador, especialmente cuando hablamos de mercados de larga distancia.
Por eso el objetivo de los grandes destinos alpinos ya no consiste simplemente en vender más forfaits.
Consiste en controlar una parte mayor del valor total generado por cada visitante.
La evolución hacia hoteles de alta gama, gastronomía, wellness, eventos deportivos, festivales, branded experiences y propuestas de verano responde precisamente a esa lógica. El activo ya no es el remonte. Ni siquiera es la pista.
El activo es el destino.
El riesgo climático no ha desaparecido
Nada de esto significa que Suiza haya resuelto el mayor desafío estructural de la industria.
El calentamiento de los Alpes continúa ejerciendo presión sobre las estaciones situadas a menor altitud y eleva las necesidades de inversión. Producir nieve cuesta dinero. Modernizar remontes cuesta dinero. Energía, personal y mantenimiento también.
La consolidación del sector parece, por tanto, difícil de evitar.
Los grandes dominios cuentan con mayor capacidad financiera para adaptarse, mientras que pequeñas estaciones de baja y media altitud afrontan una ecuación progresivamente más complicada. En los próximos años probablemente no baste con preguntar qué estaciones tienen mejores pistas.
La pregunta empresarial será cuáles poseen el capital suficiente para seguir siendo competitivas.
Suiza está vendiendo algo más grande que el esquí
Los 25,7 millones de días vendidos son una excelente noticia para la industria suiza. Pero quedarse únicamente con esa cifra sería perderse la transformación que está ocurriendo debajo.
El país está pasando de explotar nieve a gestionar una economía alpina.
Una economía donde la infraestructura protege el calendario, la marca atrae capital internacional, la hotelería aumenta el gasto por visitante y la montaña se convierte en una plataforma turística capaz de generar valor durante cada vez más meses del año.
Y quizá por eso el dato más importante de la temporada 2025/26 no sea que Suiza se haya quedado cerca de su récord.
Es que lo haya conseguido sin necesitar un invierno récord para hacerlo.






