En los 90, las gafas de esquí eran un grito de identidad: descubre los modelos que marcaron época y hoy renacen con fuerza.
Eran los años 90, una década en la que las gafas de sol no solo protegían del sol, gritaban quién eras. Monturas desafiantes, colores imposibles, lentes envolventes, patillas que rozaban lo teatral. Todo era válido si servía para dejar huella entre la niebla del freeride o en la terraza del refugio.
El esquí vivía su propia revolución estética, alimentada por marcas que exploraban los límites entre el diseño funcional y lo visualmente estrambótico. Y aunque muchas de esas gafas acabaron olvidadas, hoy algunas resurgen, reeditadas o reinterpretadas, gracias al renacimiento del estilo noventero en la cultura outdoor.
De huesos, viseras y desprecio por las reglas
Entre las joyas que protagonizaron aquellos anuncios están las Spyder de 1998, con patillas con forma de huesos, una especie de rareza en un mercado dominado por líneas curvas. Imposibles de encontrar hoy, pero memorables.

Las Vuarnet Vortex eran todo lo contrario, sobrias con un toque técnico inconfundible. Lateral cerrado, silueta afilada. Estilo francés, velocidad visual.

Un año antes, Smith proponía las Bazooka, precursoras conceptuales de las actuales Wildcat y Bobcat, pero con un estilo que parecía salido de un videoclip de Eurodance.
Y luego está la Oakley Full Metal de 1995, con su campaña «Tecnología sin supervisión adulta» y un personaje que parecía más salido de una distopía alienígena que de una pista de esquí.







