Un viaje lento y panorámico que atraviesa los Alpes suizos entre ingeniería, paisaje y elegancia ferroviaria.
El Glacier Express conecta St. Moritz y Zermatt a lo largo de 291 kilómetros de cordillera suiza. Ocho horas de trayecto que atraviesan valles remotos, gargantas profundas, pasos de alta montaña y pueblos alpinos donde el paisaje marca el ritmo del viaje.

Inaugurado en 1930, arrastra un apodo que le acompaña desde hace décadas: el expreso más lento del mundo. Ocho horas para cruzar Suiza de este a oeste, con el paisaje marcando el ritmo. Aquí el recorrido importa más que la llegada.
El itinerario cruza el país de este a oeste, apoyándose en ríos y pasos alpinos para superar un territorio abrupto. Ríos jóvenes sirven de guía para superar cañones, mientras tramos de cremallera permiten ganar altitud hasta superar los 2.000 metros en el paso de Oberalp. En total, el Glacier Express atraviesa 91 túneles y más de 290 puentes, en una sucesión constante de soluciones técnicas diseñadas para domesticar un territorio complejo.
Forma parte del Grand Train Tour of Switzerland y comparte protagonismo con otras líneas históricas como el Bernina Express o el Gotthard Panorama Express, aunque su recorrido transversal lo convierte en uno de los más completos.
St. Moritz, inicio del viaje
La salida desde St. Moritz marca el tono desde el primer momento. El resort combina hoteles históricos, boutiques y arquitectura contemporánea con un entorno dominado por lagos y cumbres que superan los 2.400 metros. Antes de subir al tren, la ciudad invita a un paseo tranquilo entre iglesias inclinadas, confiterías centenarias y miradores sobre el lago.
En el andén se percibe una expectación silenciosa. El viaje empieza incluso antes de sentarse.
Los vagones están diseñados para no perder detalle. Ventanales panorámicos y techos acristalados eliminan cualquier interrupción visual con el exterior. Los asientos, amplios y orientados hacia el paisaje, convierten el trayecto en una experiencia continua de observación.
La audioguía acompaña el recorrido con explicaciones precisas y breves, mientras el sistema de conectividad permite acceder a información adicional y contenidos complementarios. Para quienes buscan un nivel superior de confort, la Excellence Class incorpora servicio de concierge, gastronomía cuidada y atención personalizada durante todo el trayecto.
Albula y Landwasser
Uno de los tramos más memorables es la línea del Albula, inaugurada a principios del siglo XX y reconocida como Patrimonio de la Humanidad. Aquí el tren supera el desnivel mediante túneles helicoidales, curvas cerradas y viaductos de piedra que se integran en el paisaje.
El viaducto de Landwasser, con sus 65 metros de altura y su trazado en curva, aparece de forma repentina. Durante unos segundos, el vagón entero se mueve al unísono para observar cómo el tren rojo cruza una de las obras de ingeniería más fotogénicas de los Alpes.
Tras la parada en Chur, el recorrido acompaña al joven Rin a través de la garganta de Ruinaulta. El caudal glaciar, de tonos intensos, contrasta con las paredes rocosas del cañón mientras el tren serpentea junto al río.
En Disentis se produce el cambio de locomotora, preparada para afrontar los tramos de mayor pendiente. Coincide también con el servicio de restauración, basado en cocina local y vinos suizos, que acompaña el ascenso hacia las zonas más alpinas del trayecto.
Oberalp y el Valais
El paso de Oberalp marca uno de los momentos más reconocibles del recorrido. Prados abiertos, cabañas de madera y lagos de alta montaña componen una imagen esencial del paisaje suizo. A más de 2.000 metros, el lago Oberalp aparece como una pausa visual inesperada, acompañado por un faro que conecta simbólicamente el nacimiento del Rin con su desembocadura lejana.
Tras el túnel de Furka, el tren desciende hacia el valle del Ródano, atravesando pueblos de arquitectura tradicional como Niederwald, conocido por ser la cuna de César Ritz. El paisaje se suaviza, los prados se expanden y el valle se abre.
Zermatt, destino final
La última parte del trayecto remonta el valle del Matter Vispa. Las montañas se cierran, los picos se vuelven más abruptos y la presencia del Matterhorn comienza a sentirse antes de hacerse visible.
Zermatt recibe al viajero con su atmósfera alpina, sus chalets y su movilidad eléctrica. El trayecto termina, pero el viaje continúa en forma de caminatas, historia del alpinismo y una relación directa con la montaña.
El Glacier Express propone una manera distinta de atravesar los Alpes: sin prisa, con atención y con la certeza de que el paisaje, cuando se observa con tiempo, deja huella.






