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Sébastien Varlet, freerider de referencia y embajador de Les Gets, no es ajeno al riesgo ni a la exploración. Pero su última expedición lo llevó a un terreno donde la montaña se vuelve salvaje, los mapas son solo intuición y cada noche es una guardia silenciosa contra uno de los mayores depredadores del planeta. Junto a un equipo internacional, Varlet se internó durante dos semanas en las remotas montañas del archipiélago noruego de Svalbard, en el corazón del Ártico.
«Siempre me atrajeron esos destinos fuera del radar, donde el esquí es una forma de exploración, no de consumo»
Sébastien Varlet
Un sueño forjado en la pantalla, realizado sobre hielo
“Siempre me atrajeron esos destinos fuera del radar, donde el esquí es una forma de exploración, no de consumo”, explica Varlet. Fue viendo fotos y vídeos en Internet donde nació la chispa: una obsesión por esas montañas vírgenes al norte del círculo polar. El proyecto comenzó a tomar forma tras conocer a Arthur Garreau, meteorólogo afincado en la zona y pieza clave para hacer realidad la aventura.
Svalbard —más grande que Suiza y con innumerables picos inexplorados— ofrecía el terreno ideal: nieve asegurada, luz solar 24/7 y una inmensidad salvaje donde cada descenso sería, quizás, el primero de la historia.

Hostilidad blanca, belleza infinita
Del 28 de abril al 12 de mayo, el equipo —formado por nueve personas, incluyendo esquiadores de Francia, Austria y Suecia— se enfrentó a temperaturas extremas, noches bajo cero en tiendas de campaña, y una constante amenaza: los osos polares.
«Lo que más nos marcó fueron las guardias nocturnas«, recuerda Sébastien. «Cada noche, uno de nosotros permanecía una hora afuera, armado, vigilando el campamento. Sabíamos que los osos pueden recorrer grandes distancias buscando alimento. Elegimos instalar el campamento lejos del océano, con la esperanza de que el esfuerzo los disuadiera.»
“Bjørnebo”: la tierra de los osos
El resultado de esta odisea es un documental titulado “Bjørnebo”, que significa precisamente eso: la tierra de los osos. Un nombre que no solo refleja la esencia salvaje del viaje, sino que también hace honor a un pequeño refugio del mismo nombre que encontraron durante el recorrido y en el que pasaron una noche crucial.
Pero más allá del reto físico o técnico, Varlet subraya el espíritu del proyecto: “Queríamos documentar una vivencia real, compartir lo que supone convivir con el hielo, con la incertidumbre, con la grandeza de un entorno que no perdona. Soñábamos con dibujar nuestras propias huellas en laderas que nadie había tocado. Y lo hicimos.”

Un legado para los nuevos exploradores
Sébastien Varlet y su equipo no solo trazaron líneas en la nieve, sino que añadieron un nuevo capítulo a la historia del freeride. Uno que no habla de récords, sino de respeto, de convivencia con lo indómito y de esa sensación rara y valiosa de ser un visitante, no un conquistador.
Bjørnebo no es solo una película. Es una invitación a mirar más allá del confort, a reconectar con lo esencial y a entender que todavía hay lugares donde la aventura sigue siendo auténtica.






