En St. Anton, el Hospiz Alm fusiona tradición tirolesa, cocina galardonada y una bodega de ensueño. Entre chimeneas encendidas, platos que reconfortan y vistas alpinas, cada visita es un viaje al alma gastronómica del Arlberg.
El invierno suena distinto junto a una chimenea. Y sabe mejor cuando el plato humea sobre la mesa de madera, bajo el techo abuhardillado de un restaurante alpino con siglos de historia. Así se vive una comida en el Hospiz Alm, el alma culinaria del legendario Hotel Arlberg Hospiz, en St. Anton.
Su origen se remonta al año 1386. Desde entonces, ha evolucionado sin perder su esencia. Hoy forma parte de la estación Alberg1800, en el hermoso valle de St. Anton, y sigue acogiendo a viajeros, esquiadores y amantes del buen comer con una calidez que trasciende las estaciones.
Tradición tirolesa, cocina de altura
El restaurante Hospiz Alm ha sido galardonado con 15 puntos Gault & Millau, y no es para menos. Su carta ofrece una mezcla de elegancia alpina, innovación y respeto por la tradición. Desde su famosa langosta marinada con mango y aguacate hasta los fondos ricos de sus sopas o las cenas de fondue de los miércoles, cada plato cuenta una historia.
El ambiente acompaña: techos altos, vigas de madera, chimenea siempre encendida, vajilla impecable. Y a pocos metros, la terraza soleada de St. Christoph, uno de los mejores lugares para contemplar el valle con una copa de champán en la mano.

Donde el vino es religión
La bodega del hotel, con un valor estimado en 6 millones de dólares, es una institución en sí misma. Allí, el vino no se sirve: se celebra. Adi Werner, el carismático gerente, es apodado el Rey del Vino del Arlberg, y su colección incluye botellas de hasta 18 litros y etiquetas premiadas a nivel internacional.
Uno de los vinos más apreciados es el Beerenauslese 2011, que puede maridar tanto con carnes como con postres. Todo, servido con una hospitalidad que no entiende de prisas ni de protocolos innecesarios.

Un destino para soñar
El Hospiz Alm no es solo un restaurante. También es un escenario de bodas que parece sacado de una película. Desde la ceremonia en la capilla del hotel hasta la Suite Presidencial de 180 m² con jacuzzi, sauna y vistas a las montañas, todo está diseñado para el recuerdo.
El chef Steffen Sonnenwald elabora menús especiales para estos eventos, combinando ingredientes locales con técnicas refinadas. Aromas, texturas y sabores que convierten cada cena en una celebración.
De la nieve al plato
Para almorzar o cenar, la propuesta es clara: platos que reconfortan y sorprenden. Entre los clásicos, el Rib Eye con patatas especiadas y rúcula o la crema de perejil con yema de huevo y limón salado para quienes prefieren opciones vegetarianas. En la terraza, el menú se vuelve más creativo: berenjena marinada con queso snøfrisk, pulpo asado con pak choi y kimchi, y cócteles como el espresso martini helado que elevan el momento a otro nivel.
Y, por supuesto, los postres. Desde un pastel de chocolate con arándanos y crema agria hasta la tradicional crème brûlée con frutos rojos, pasando por un yogur campesino con amapola y canela que parece preparado para cerrar la comida con un abrazo.
Sabor a montaña
El Hospiz Alm representa el equilibrio perfecto entre tradición y sofisticación. Una cocina de invierno que alimenta tanto el cuerpo como el alma. Un lugar donde el fuego nunca se apaga y donde cada comida, cada copa, cada vista desde la terraza, recuerda por qué los Alpes no solo se esquían: también se saborean.






