Lindsey Vonn casi pierde la pierna tras su caída olímpica; cinco cirugías marcan su larga recuperación.
El descenso femenino de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina el pasado 8 de febrero quedará grabado para siempre en la memoria de los aficionados al esquí. Nada más iniciar la prueba, Lindsey Vonn sufrió una caída devastadora que puso en riesgo su participación en los Juegos y su salud física. La estadounidense de 41 años, campeona olímpica en Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010, impactó contra la nieve tras engancharse en una puerta y perder el equilibrio en un salto.
El resultado fue una fractura triple en su pierna izquierda: tibia, cabeza del peroné y meseta tibial, sumada a la ruptura previa de su ligamento cruzado anterior. Una lesión que por sí sola habría sido devastadora para cualquier deportista, pero que en este caso se complicó con un síndrome compartimental, donde la presión dentro del grupo muscular aumenta hasta poner en riesgo el flujo sanguíneo y, potencialmente, la vida de la extremidad.
“El dolor fue instantáneo, brutal. Mis gritos retumbaron en la pista: ‘¡No puedo, no puedo!’”, recordó Vonn. La trasladaron en helicóptero a un hospital, donde comenzó un largo camino de cirugías y recuperación.
El momento crítico llegó gracias a la intervención del doctor Tom Hackett, médico del equipo estadounidense. Ante el riesgo de amputación, realizó una fasciotomía, abriendo ambos lados de la pierna para liberar la presión acumulada. “Él salvó mi pierna de la amputación. Me abrió como si me fileteara, dejándola respirar. Me salvó”, confesó Vonn.
En total, la leyenda del esquí ha pasado por cinco operaciones, incluida una cirugía de seis horas ya en Estados Unidos. El proceso de recuperación será largo y exigente: aproximadamente un año para que los huesos sanen completamente y un futuro incierto sobre la reparación del ligamento cruzado anterior.
Para Vonn, la experiencia ha sido más que física: “Ha sido la lesión más extrema, dolorosa y desafiante que he enfrentado en toda mi vida, multiplicada por 1000. Ya ni el dolor físico, sino el desafío mental y emocional de enfrentarte a la posibilidad de perder una pierna es indescriptible”.
Su historia manifiesta la dureza del esquí de alto nivel y la resiliencia de quienes lo practican. A pesar del impacto, Lindsey Vonn mantiene la determinación y la disciplina que la han definido durante toda su carrera. Por ahora, su vuelta a la competición queda en pausa, centrada en sanar y en decidir los próximos pasos, con la fuerza y la paciencia necesarias para superar uno de los episodios más difíciles de su vida.






