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Meribel como destino ideal de verano

by Skiaar
13 ago 2026

Méribel en verano cambia la nieve por senderos, bicicleta, gastronomía y wellness. Una guía para descubrir Les 3 Vallées desde otra perspectiva.

Cuando desaparece la nieve, Méribel no se queda vacía: cambia de lenguaje. Los telesillas vuelven a subir, pero ahora llevan bicicletas y botas de montaña; las pistas pierden su blanco uniforme y aparecen los prados, la roca y la madera de los chalets, oscurecida por años de sol y nieve. El valle baja el ritmo. Hay menos gente en las calles, las terrazas se alargan y nadie parece demasiado preocupado por llegar a ninguna parte antes que los demás.

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Méribel forma parte de Les 3 Vallées, el mayor dominio esquiable del mundo. En verano, esa misma geografía se lee de otra manera: alrededor de 500 kilómetros de senderos señalizados atraviesan bosques, pastos alpinos y zonas de alta montaña, con itinerarios que van desde paseos sencillos hasta ascensiones de varios días.

Uno de los puntos de partida más agradables es el Lac de Tueda, en la reserva natural del mismo nombre. El recorrido alrededor del lago es sencillo y prácticamente plano, una buena opción para una primera caminata o para pasar unas horas con niños. Desde allí, el terreno se vuelve progresivamente más exigente: los senderos hacia el Col du Soufre y los glaciares de la Vanoise llevan a un paisaje mucho más mineral, donde el valle desaparece poco a poco bajo los pies.

También se puede cambiar las botas por una bicicleta. Durante el verano, parte del dominio de invierno se transforma en terreno para descenso, enduro y cross-country, mientras que la carretera del Col de la Loze ofrece una de las ascensiones más conocidas de la zona para bicicleta de carretera. La pendiente media ronda el 10 %, suficiente para recordar que la montaña no se vuelve más fácil porque haga sol.

Para quienes prefieren caminar sin convertir cada salida en un entrenamiento, Méribel tiene otra virtud: no hace falta ir demasiado lejos. Los senderos que rodean los pueblos y el lago permiten pasar de bosque a pradera y de pradera a terraza en unas pocas horas. La escala resulta especialmente agradable en familia, cuando el objetivo no es completar una ruta sino simplemente pasar el día fuera.

Después de una mañana de montaña, el plan puede ser mucho menos ambicioso. El spa del Alpen Ruitor, en Méribel-Mottaret, cuenta con sauna, hammam, jacuzzi, ducha sensorial y tratamientos. Para estancias más independientes, Méribel Village ofrece una alternativa distinta: alojarse en un chalet y hacer del pueblo la base desde la que moverse por el valle.

La Chaudanne concentra buena parte de la vida del centro. Su hotel mantiene piscina interior, jacuzzi, sauna, hammam y Spa NUXE, mientras que su terraza y sus espacios de restauración funcionan como punto de encuentro cuando cae la tarde.

La comida sigue siendo parte importante del atractivo, aunque en verano apetece tomarla fuera. En Méribel Village, La Terrasse du Village mantiene una gran terraza con vistas a la montaña y una programación habitual de conciertos en directo. La cocina combina productos locales y especialidades saboyanas con platos más informales.

Para terminar el día, Bar Le 80 es una de las direcciones más interesantes para quienes prefieren quedarse hasta tarde. Su carta de vinos figura entre las 100 mejores de Francia y el ambiente cambia a medida que avanza la noche, con DJ y una programación más cercana al après-ski que a la cena formal. La Taverne, en cambio, conserva un registro más relajado y funciona bien para una comida o una última copa en terraza.

Quizá esa sea la diferencia más interesante entre Méribel en invierno y Méribel en verano. En la primera, la montaña marca el ritmo. En la segunda, deja más espacio para elegir el propio: caminar sin objetivo, subir en bicicleta, quedarse largo rato junto al lago o alargar una cena porque todavía queda luz.

No hace falta nieve para volver a Méribel. Solo hace falta aceptar que, durante unos meses, la montaña pide otra velocidad.