La nieve llega antes y mejor a los Pirineos, reforzando su posición frente a unos Alpes irregulares.
El contraste marca el inicio de la temporada de esquí 2025-2026 en Europa. Mientras los Pirineos consolidan uno de sus arranques más consistentes de los últimos inviernos, buena parte de los Alpes afronta diciembre en modo resistencia, condicionado por la falta de nieve natural en cotas bajas.
La imagen se repite en numerosas estaciones alpinas: cintas de nieve artificial serpenteando sobre laderas verdes y marrones, una estampa ya habitual en inviernos suaves, pero que este año resulta especialmente evidente. El mapa alpino se divide en dos realidades muy claras: la alta montaña, que mantiene buenas condiciones, y los dominios por debajo de los 1.200 metros, que atraviesan uno de los diciembres más complicados de la última década.
En Austria, regiones clave como el Tirol o Salzburgo han reconocido abiertamente el problema. El término Schneemangel, escasez de nieve, ha protagonizado titulares en medios nacionales y locales. Las temperaturas anormalmente altas han limitado incluso la producción de nieve artificial durante buena parte del mes. Aun así, los glaciares mantienen el tipo: Sölden, Hintertux o Stubai operan con normalidad, aunque el acceso hasta el valle queda, en muchos casos, restringido a remontes o a esquiadores expertos.
La presión se concentra en los pocos sectores abiertos, con largas colas y una experiencia de esquí muy concentrada. Una situación que contrasta con la fluidez que presentan muchas estaciones pirenaicas en este inicio de invierno.
En Italia, la temporada se sostiene gracias a la infraestructura. Dolomiti Superski vuelve a demostrar su liderazgo en innivación programada, con más de 6.000 cañones garantizando la apertura de ejes clave como la Sellaronda, pese a la ausencia de nevadas naturales hasta fechas muy avanzadas. El esquí está asegurado, pero el freeride sigue siendo testimonial en el sector oriental.
Mejor suerte ha corrido el oeste alpino italiano. El Piamonte y el Valle de Aosta, incluyendo áreas como Vía Lattea o Cervinia, recibieron frentes del suroeste a mediados de mes que dejaron una base más natural y condiciones sensiblemente mejores.
En Suiza, el impacto ha sido especialmente duro en estaciones pequeñas y de baja altitud, muchas de las cuales se han visto obligadas a cerrar temporalmente ante la falta de nieve suficiente.
La atención ahora está puesta en el cambio de año. Según los servicios meteorológicos alpinos, hasta el 29 de diciembre seguirá dominando el anticiclón, con inversión térmica, jornadas soleadas y nieve dura a primera hora que transforma rápidamente. Días ideales para el llamado esquí de terraza, pero poco alentadores para renovar el manto.
El posible punto de inflexión llegará entre el 30 y 31 de diciembre, con la ruptura del bloqueo anticiclónico y la entrada de un frente frío desde el Atlántico Norte. La previsión apunta a un descenso notable de temperaturas y una cota de nieve que podría bajar hasta los 800-1.000 metros, especialmente en la vertiente norte de los Alpes.
Si se confirma, los valles alpinos podrían despedir 2025 recuperando por fin su postal invernal. Mientras tanto, los Pirineos aprovechan la ventaja y se posicionan, una vez más, como uno de los grandes refugios del esquí europeo en un invierno cada vez más imprevisible.






