Una ruta corta y mágica en Asturias: desfiladero, bosque y la leyenda de las xanas en un recorrido inolvidable.
En el corazón de Asturias, entre paredes de roca viva, se abre paso la Ruta de las Xanas. No necesita excesiva fama para hacerse inolvidable. Mientras la recorres entenderás por qué la llaman el “pequeño Cares”, ya que comparte similitud con la famosa Ruta de Cares, mezclando naturaleza viva junto con mitología asturiana. Las “xanas” son ningas del agua en la tradición asturiana.

El camino arranca en el Área Recreativa del Molín, a un paso del pueblo de Villanueva. Allí, el sendero PR AS-187 empieza a ganar altura con decisión. En apenas unos minutos, el visitante queda atrapado por el desfiladero. Son dos kilómetros que se sienten como una travesía suspendida entre el vacío y el bosque. La senda, cincelada en la roca, se adhiere a la ladera como si llevase siglos observando el discurrir del arroyo.
A cada paso, se atraviesan túneles breves, pasarelas de madera y miradores naturales donde la mirada se inunda de verde del fondo y el gris de las paredes. Hay pasamanos en algunos tramos, más por cortesía que por exigencia. La ruta no es técnica, pero pide respeto. No tanto por el esfuerzo,si no por el equilibrio delicado que pide el paisaje.
Cuando el sendero gira hacia el interior, el bosque toma el relevo. Las hayas, los robles y los castaños crean una galería vegetal que filtra la luz y refresca el paso. El aire huele distinto, más húmedo, más denso. En esta sección, el silencio se impone, roto solo por los pasos o el cacareo de algún pájaro.
La llegada a Pedroveya, tras unos cuatro kilómetros, supone un cambio de ritmo. El paisaje se abre y el pequeño pueblo parece esperar al caminante con su ermita como punto de encuentro. Desde aquí, es posible regresar por el mismo camino o alargar la experiencia con una variante circular por la Senda de Valdolayés. Suma tres kilómetros más, pero también otra mirada distinta del valle.
La Ruta de las Xanas no necesita épica ni altitud para ser una de las grandes. Es una invitación a caminar despacio, a escuchar el entorno, a imaginar que aún quedan xanas escondidas en algún recodo del bosque.






