En el desierto saudí, Trojena proyecta una estación futurista con 30 km de pistas y nieve artificial. Un desafío colosal que podría redefinir el esquí mundial y cuyo futuro olímpico aún genera dudas.
A más de 2.600 metros de altitud, en el corazón del desierto, Arabia Saudita se atreve a imaginar nieve donde antes solo hubo roca y silencio. Allí, entre crestas áridas y valles aún por construir, se proyecta Trojena, la primera estación de esquí del país y la joya invernal de Neom, la megaciudad futurista que busca redefinir el paisaje y el tiempo.
Su promesa e transformar la ladera de una montaña en un escenario olímpico, capaz de acoger los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029.
Una ambición que desafía la lógica
El proyecto fue anunciado en 2022 con una visión tan arriesgada como disruptiva. Trojena no solo quiere ofrecer nieve en medio del desierto, sino convertirlo en un centro mundial de deportes de invierno. Una estación de más de 60 km², con 30 kilómetros esquiables, un lago artificial, hoteles de lujo y una producción de nieve alimentada por agua desalinizada del Mar Rojo, a más de 200 km de distancia.
Las primeras imágenes son de otro mundo, arquitectura escultórica, pendientes perfectas, y la grúa más grande del planeta trabajando sin descanso sobre un terreno virgen. Aun así, la pregunta persiste. ¿Estará listo para 2029?
Conversaciones que no pasan desapercibidas
Las dudas han llevado al reino saudí a explorar escenarios alternativos. Según Financial Times y Bloomberg, se han abierto conversaciones informales con países como China y Corea del Sur, ambos con experiencia olímpica y capacidad técnica para asumir los Juegos en caso de necesidad.
Corea ha confirmado contactos preliminares. China, por ahora, niega estar al tanto de ningún cambio. Pero la posibilidad de un aplazamiento hasta 2033 empieza a tomar forma entre bastidores.
Nieve sobre aren
El mayor obstáculo no es logístico, sino natural. En Trojena no nieva. Al menos, no como en Sapporo, Harbin o Gangwon. Por eso, toda la operación depende de sistemas de nieve artificial, capaces de crear un manto blanco durante todo el año, incluso a 40 grados en el valle.
Un primer test ya fue presentado, una pequeña pista cubierta, generada con nieve convencional, como demostración de viabilidad. Pero una cosa es un prototipo, y otra, una ciudad olímpica a gran escala.
Entre la utopía y el símbolo
Trojena no es solo un complejo invernal. Es una declaración de intenciones, un símbolo de transformación nacional bajo la visión 2030 del príncipe heredero Mohammed bin Salman. Su construcción va más allá del deporte: representa la ambición de crear un nuevo modelo de desarrollo, donde el lujo, la innovación y lo improbable conviven.
Como Le Refuge de Solaise en los Alpes franceses, Trojena quiere ser más que una estación de esquí. Quiere ser un nuevo imaginario, un lugar donde la nieve se convierte en experiencia, donde la montaña se diseña desde cero, y donde lo imposible se considera punto de partida.
Un futuro suspendido entre planos y promesas
Mientras las obras continúan y las maquinarias trabajan día y noche, el futuro de los Juegos de 2029 permanece suspendido. Entre la certeza de un plan colosal y la urgencia de los plazos, Arabia Saudita deberá decidir si sigue adelante o cede el testigo, temporalmente, a otros países con nieve real y tiempo ganado.
Pero si Trojena cumple lo que promete, el esquí mundial podría abrir una nueva página. Una en la que, por primera vez, el desierto también sea sinónimo de invierno






